La Coctelera

En las dos Orillas

Nosotras que nos queremos tanto. Magazzin loco con todo.

9 Enero 2007

Rosa Moran, Rosita la de la fonda, recibe la medalla del trabajo

A Rosita la de la fonda, Casa Moran en Benia-Onis-Asturias le otorgaron a finales del año pasado la medalla de plata del trabajo en España.
Rosita tiene 56 años trabajando en el negocio familiar que ella misma contribuyó a construir junto con su familia, es toda una personalidad muy respetada y admirada aún si medalla, a la hora que pases por la fonda es muy díficil que Rosita no esté, y también es díficil en la fonda no identificar algún que otro acento venezolano, pues su hermano Miguel vivió en Venezuela muchos años donde se casó con una señora venezolana.
Felicidades a Rosita, un abrazo

La propietaria de Casa Morán, de 72 años, no ha conocido descansos ni vacaciones desde que se puso al frente del negocio, en el año 1950.Cuenta Rosita Morán que: en 56 años, Casa Morán sólo ha cerrado tres semanas, una el año pasado y dos éste, y fue para pintar el establecimiento y hacer arreglos en la cocina». En esas tres semanas el teléfono no paró de sonar pidiendo mesas para comer.

Ahora, a sus 72 años, Rosita Morán Barro afirma con orgullo que se ha cumplido la ilusión de su vida: el Gobierno central le ha concedido la medalla al Mérito del Trabajo, con la que se reconoce su labor al frente de Casa Morán, prestigioso hotel y restaurante de Benia de Onís, por el que han pasado personalidades de la política, directores de cine, escritores, periodistas, artistas de todos los palos..., rindiéndose todos ellos ante el arte gastronómico tradicional y la calidad humana de esta mujer.

En 1995 el Principado de Asturias ya le otorgó el premio al Mérito Turístico y desde hace dos años el alcalde de Onís, José Antonio González, ha estado tramitando el reconocimiento que por fin el Ministerio de Trabajo le ha rendido.

Asegura Rosita Morán que lo que más le gusta de su trabajo es «atender y hablar con la gente; los clientes se convierten en amigos». Cada día su jornada laboral comienza a las siete de la mañana, cuando se encierra en la cocina. Allí permanece, entre pucheros, hasta la una de la tarde. Después, hasta las cuatro de la tarde le toca atender las mesas. «Aquí siempre hay que hacer. Lo mismo cocino, que atiendo las mesas, que hago las camas; lo importante es atender el negocio», indica. Pero «todo esto no lo he hecho sola: siempre he contado con la ayuda de mis hermanos», aclara.

Tras toda una vida de constante trabajo y sacrificios, Rosita Morán lamenta sólo una cosa, haber renunciado a estudiar. «En casa me necesitaban para atender el negocio y lo de estudiar no pudo ser, era la pequeña. Nací aquí mismo, en esta misma casa, y crecí ayudando a mi madre en la cocina», explica.

La fonda Morán se creó en 1933, cuando los Morán se establecieron en Benia, procedentes de la localidad llanisca de Puente Nuevu. Un año más tarde nacía Rosita. En la guerra civil un incendio destruyó la ya reconocida fonda Morán, que en 1950 se encontraba de nuevo reconstruida. Rosita Morán tuvo que hacerse cargo del negocio desde muy joven. La pérdida de su madre y de uno de sus hermanos hizo pensar a algunos que la fonda cerraría, «pero yo siempre estuve al pié del cañón», indica.

Afable y emocionada, Rosita Morán lo tiene muy claro: «tras 56 años de trabajo, recibo la medalla de plata al Mérito al Trabajo, pero trabajaría otros 50 años para recibir la de oro».

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Nosotras que nos queremos tanto estamos en dos orillas distantes, el mar Atlántico por medio no nos separa al contrario nos une. Contamos historias de una y otra orilla.

19/01/07

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Sólo quien emigra puede llegar a comprender que se añore el sabor de una arepita o el olor de una fabadita.
Sólo quien emigra puede llegar a comprender las lágrimas ante una hallaca o la sonrisa ante una rica paella.
Sólo quien emigra lleva dos sabores en el corazón y puede comprender que es tan exquisito una cachapa con quesito de mano como un bocata de chorizo español
Sólo quien emigra estraña tanto la rica sazón del ají dulce como el aromático gusto de un pimentón español
Sólo quien emigra puede entender la necesidad de comer diablitos, aunque en Venezuela jámas los consumiera.
Sólo quien emigra lleva en su piel, su esencia, los dos sabores, las dos sazones, los dos amores que significan las dos orillas
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