El guardián del Hotel Humboldt, Francisco "Paco" López
"Aquí todo es una leyenda"
Es una autoridad. Unos meses atrás, trabajando en la pista de baile del Hotel Humboldt, Francisco "Paco" López perdió de vista un escalón y se rompió una pierna. Estuvo un tiempo recluido, pero tal condición no impidió que regresara a sus andanzas. Bastón en mano, subió por el teleférico y en una van llegó hasta su querido hotel. A lo largo del camino, no hubo una sola persona que dejara de saludarlo: "Epa Paco, tenías tiempo sin venir", y asomado por la ventana del copiloto, López, con todas sus credenciales guindando del cuello, saludó cual integrante de la realeza avileña. Originario de Coruña, "en realidad de una villa que está a nueve kilómetros de allí", es difícil hacerlo reír. Cosa que no sucede al contrario: "Estoy soltero y sin compromiso", responde este octogenario al preguntarle por esposa e hijos. Llegó a Venezuela en 1952.
Para el 29 de diciembre de 1956, ya trabajaba en el teleférico. Más tarde subiría al hotel para cumplir múltiples funciones: "Hacía de plomero, de mecánico, de electricista, cerraba la puerta de la discoteca..., de todo". Era el encargado, el hombre de la llave. La persona que vivió en el hotel durante más de cuatro décadas y vigiló el lugar mientras el teleférico estuvo detenido. Jorge Haack, presidente de la Inversora Turística C.A., operadora de Ávila Mágica, lo presenta como "el indispensable": "Estuvo allí mientras el hotel estuvo cerrado. A él se le debe que muchas cosas se hayan conservado". En la actualidad, tiene su apartamento en Maripérez, cerca de sus dos amores: el hotel y la Hermandad Gallega.
"A Pérez Jiménez lo vi de cerquita", recuerda. "También vi a personalidades de Estados Unidos, Francia, Alemania... lo que pasa es que no sé cómo se llamaban". Al entrar en el lobby, hoy abierto para visitas guiadas, de inmediato llama la atención y con molestia advierte: "Tienen que prender las luces". Mientras camina alrededor del mobiliario, comenta: "Los sofás son los mismos. Están igualitos a como los trajeron".
Vivió allí de forma permanente. Bajaba a Caracas para buscar algunos víveres. Por suerte, no estuvo presente durante el terremoto de 1967: "Me agarró en un bar jugando dominó". En el hotel quedó la grieta como único daño. Más tarde, durante la vaguada que afectó al estado Vargas, López tendría una panorámica de primera mano: "Yo vi todo eso desbordándose para abajo. Era un pantanero impresionante".
Incluso en una oportunidad, evitó que ladrones entraran al hotel: "Pude agarrar a dos de ellos. Fue hace tiempo. Se cerraron las puertas, pero una quedó abierta. Subieron por la platabanda". En el hotel que tanto le debe, no tiene sitio preferido: "Me gusta todo, porque todo es una leyenda", afirma quizás sin saber que él mismo forma parte de ella.
Fuente:
El Nacional Todo en Domingo 19 - Domingo 15 de Octubre de 2006



Antonio Alviárez dijo
Que bonito post; lo impresionante es su nacionalidad española, convirtió un lugar de Venezuela en su hogar. Ojalá nos permitan a los venezolanos lo mismo aquí.
Saludos
15 Octubre 2006 | 02:28 PM